jueves, 17 de mayo de 2012

Conclusion de la obra.



Esta obra es una obra que aunque me haya costado leerla, me a gustado. Es una obra de teatro en la que hay demasiados personajes y lugares, y eso dificulta su lectura, pero aun así, es una obra que se lee rápido ya que es entretenida.

Contextualización critica de la obra.

Aqui os dejo otros sitios donde podéis encontrar más información sobre Ramón María del Valle Inclán mister-wong.

Contextualización geográfica.

La obra de Divinas Palabras transcurre en Viana do Prior, que en realidad es O probal do Caramiñal.

Contextualización literaria.

Narrativa A súa produción narrativa comeza no Modernismo. Dentro desa estética, a súa obra máis senlleira son as Sonatas. Nelas relata, de xeito autobiográfico, os amores do Marqués de Bradomín. A súa outra gran novela vai ser Tirano Banderas, onde narra a caída do ditador sudamericano Santos Banderas, personaxe despótico e cruel que mantén o poder mediante o terror e a opresión. É unha excepcional descrición da sociedade sudamericana e tamén o primeiro achegamento literario da ditadura. [editar]Poesía A obra poética de Valle-Inclán reúnese na triloxía Claves líricas (1930), formada por Aromas de leyenda, El pasajero e La pipa de Kif. Aromas de leyenda (1907) recibe a influencia do Modernismo. Consta de catorce poemas de métrica variada. Neles recrea diversos aspectos da súa Galiza natal: descricións da paisaxe, traballos de cotío, milagres, supersticións, etc. Varios dos poemas rematan cunha cantiga en lingua galega. El pasajero (1920), tamén de estética modernista, desenvolve en trinta e tres poemas temas de gran transcendencia, como a morte, a dor, a vida, a paixón ou a eternidade. Con La pipa de Kif (1919), Valle-Inclán dá paso nos seus poemas ao grotesco, ao esperpéntico. Esta obra ten sido definida coma una escolma de estampas tráxico-humorísticas. [editar]Teatro A produción dramática de Valle-Inclán divídese, polo xeral, en cinco períodos: Ciclo modernista. A este pertencen obras coma El Marqués de Bradomín (1906) e El yermo de las almas (1908). Ciclo mítico. A partir da súa Galiza natal, Valle-Inclán crea un mundo mítico e intemporal. A irracionalidade, a violencia, a luxuria, a avaricia e a morte rexen os destinos dos protagonistas. Pertencen a este período a triloxía Comedias bárbaras e Divinas palabras (1920). Ciclo da farsa. Trátase dun grupo de comedias recollidas nun volume titulado Tablado de marionetas para educación de príncipes (1909, 1912 e 1920). Estas obras presentan un continuo contraste entre o sentimental e o grotesco, e os seus personaxes, marionetas de feira, anuncian a chegada do esperpento. Inclúe Ligazón. Acto Para Siluetas (La Novela Mundial, 1926; con ilustracións de Francisco Rivero Gil). Ciclo esperpéntico. Está formado por Luces de bohemia (1920 e 1924) e o volume chamado Martes de carnaval (1930). O esperpento, máis do que un xénero literario, é un xeito novo de ver o mundo, xa que deforma e distorsiona a realidade, para amosar a imaxe real que se agocha detrás dela. Para iso, utiliza a parodia, humaniza os obxectos e os animais e animaliza ou cousifica aos humanos. Así presentados, os personaxes carecen de humanidade e preséntanse coma monicreques. Ciclo final. Nesta etapa derradeira, Valle-Inclán leva ao seu extremo as propostas dramáticas anteriores: presenza do irracional e instintivo, personaxes sen humanidade, esquematizados e guiñolescos, e a técnica distorsionante do esperpento. As súas obras fican recollidas en Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte. Como Miguel de Unamuno ou Azorín, Valle enfróntase directamente ao teatro comercial vixente. Eses tres autores amosan unha clara oposición ao teatro realista, costumista e de corte burgués que tanto éxito tiña nos escenarios, aínda que cada un deles vai ter unha técnica particular.




Narrativa:

Su produccion narrativa comienza en el Modernismo. Dentro de esa estéica, su obra mas salientable son "Sonatas". En ellas relata, de modo autobiográfico, los amores del Marques de Bradomín.
Su otra gran novela va a ser "Tirano Banderas", en donde narra la caída del dictador sudamericano Santos Banderas, personaje despótico y cruel que mantiene el poder mediante el terror y la opresión. Es una excepcional descripción de la sociedad sudamericana y también el primer contacto con la literarura de la dictadura.

Poesía:
La obra poética de Valle-Inclán se reune en la triología "Claves Líricas" (1930),  formada por "Aromas de leyenda", "El pasajero" y "La pipa de Kif".
"Aromas de leyenda" recibe la influencia del Modernismo. Consta de catorce poemas de métrica variada. En ellas recrea diversos aspectos de su Galicia natal: descripciones del paisaje, trabajos cotidianos, milagros, supersticiones etc. Los dos poemas terminan con una catiga en lengua gallega.
"El pasajero", también de estética modernista, desenvuelve en trenta y tres poemas temas de gran trascendencia, como la muerte, el dolor, la vida, la pasión o la eternidad.
Con "La pipa de Kif",Valle Inclán le da paso a sus poemas, a lo grotesco, a lo esperpentico. Esta obra es definida como una escolma de estampas trajico-humoristicas.

Teatro:

La producción dramática de Valle Inclán se divide, por lo general, en cinco periodos:

1. Ciclo modernista. A este pertenecen obras como "El Marqués de Brandomín" y " El yermo de las almas"

2. Ciclo mítico. A partir de su Galicia nata, Valle Inclán crea un mundo mítico y intemporal. La irracionalidad, la violencia, la lujuria, la avaricia y la muerte regen los destinos de los protagonistas.
Pertenecen a este periodo la triología "Comedias bárbaras" y "Divinas palabras."

3.Ciclo de farsa. Se trata de un grupo de comedias recojidas en un volumen titulado "Tablado de marionetas para educación de príncipes". Estas obras presentan un continuo constraste entre lo sentimental y lo grotesco, y sus personajes, marionetas de feria, anuncian la llegada del esperpento, Incluye "Ligazón", "Acto Para Siluetas".

4. Ciclo esperpéntico. Está formado por "Luces de bohemia" y el volumen llamado "Martes de carnaval". El esperpento, mas que un genero literario, es una nueva manera de ver el mundo, ya que deforma y distorsiona la realidad, para mostrar la imagen real que esta detrás de ella. Para eso, utiliza la parodia, humaniza los objetos y los animales y animaliza a los humanos, Así presentados, los personajes carecen de humanidad y se presentan como monicreques.


5. Ciclo final. En esta etapa final, Valle Inclán lleva al extremo sus propuestas dramáticas anteriores: presencia de lo irracional y instintivo, personajes sin humanidad y esquematizados, y su técnica distorsionante del esperpento. Sus obras están recojidas en " Retablo de la avaricia, la lujiria y la muerte"


Contextualización historica.

La Restauración: carácter y causas En medio del general desconcierto, un enésimo golpe de Estado, en diciembre de 1874, proclamaba la monarquía en la persona de Alfonso XII de Borbón, y ponía fin al breve experimento republicano. Este regreso al trono de los Borbones es lo que se conoce como "Restauración". Se trataba de una vuelta al orden querida por militares, la mayoría de la Iglesia, republicanos desengañados, la casi totalidad de empresarios y financieros, y en particular los grupos que se habían enriquecido con el comercio del azúcar cubano, grupos capitalistas nuevos, muy agresivos, que con sus capitales fundarán los grandes bancos españoles a finales de siglo. Estos grupos, se sabe, financiaron el golpe de Estado de 1874. Se iniciaba entonces un largo período de aparente estabilidad, entre 1875 y 1923, en cuanto que no hubo golpes de Estado, ni tampoco modificaciones a la Constitución aprobada en 1876. Se habló de "Restauración canovista", en honor a su principal ideólogo, el político conservador Antonio Cánovas del Castillo. No son pocas las causas que pueden explicar la estabilidad del régimen canovista: ­ Los principales partidos, el Conservador y el Liberal Progresista, asumen las reglas de juego parlamentarias, y comparten un mismo proyecto, el de la Constitución de 1876. Ambos partidos, que no eran sino agrupaciones de notables sin gran arraigo social, se irán alternando pacíficamente en el poder, imitando en las formas el modelo parlamentario inglés. En virtud de los llamados "Pactos de El Pardo", los conservadores de Cánovas y los liberales de Sagasta se sucederían pacíficamente en el poder, sin dejar espacio para terceros. ­ El Rey apoyó su autoridad en la Constitución y en las Cortes, no en los militares. En teoría el monarca estaba por encima de los partidos; era una especie de árbitro que garantizaba el buen funcionamiento de las instituciones. La Constitución de 1876 le otorgaba enormes prerrogativas, entre otras la de disolver el Parlamento, sancionar las leyes aprobadas por las Cortes onombrar los jefes de Gobierno, aunque éstos, para poder serlo, debían contar además con mayoría en el Parlamento. Todo Gobierno necesitaba de la "doble confianza" de Rey y Cortes. Hay que subrayar, pese a todo, que la idea de Cánovas no era la de "crear" un Rey poderoso que ahogara la vida política; aunque su poder era muy grande sobre el papel, se confiaba en que el monarca no haría un uso abusivo del mismo y aceptaría (voluntariamente) un protagonismo simbólico. ­ El Parlamento se convirtió en el centro de la vida política. Algunos historiadores han hablado de un "frenesí" reformista por el dinamismo de la vida parlamentaria. Las cámaras aprobaron leyes que iban desde las obras públicas hasta el enjuiciamiento criminal. Los gobiernos liberales de Sagasta incidieron más en la legislación social, aprobando leyes que garantizaban el derecho de reunión, imprenta o asociación. En 1890 vio la luz un nuevo Código Civil. Ese mismo año, con la oposición explícita de Cánovas, se aprobó una ley que garantizaba el sufragio universal masculino, una destacada conquista política ya practicada entre 1868 y 1875, y que sólo se perderá durante las dictaduras de Primo de Rivera (1923-30) y de Franco (1939-1975). ­ No hubo guerras importantes durante más de veinte años: en 1876 se rindieron los últimos carlistas y en 1878 la paz de Zanjón abrió un paréntesis en la guerra de Cuba. En el plano internacional, España practicó el "aislacionismo", política que promueve una reducida participación en la los asuntos del mundo. El Ejército asume un papel marginal en la vida política durante algunas décadas y acepta la primacía del poder civil, una de las máximas de toda sociedad avanzada. Si los militares intervienen para reprimir a los enemigos del régimen, no lo harán autónomamente, sino por un mandato político. ­ La Restauración tuvo un amplio apoyo entre los empresarios españoles. El arancel aprobado en 1891 fijaba unas tarifas altísimas a la importación de cereales y manufacturas, por lo que salieron beneficiados los grandes agricultores castellanos y los fabricantes de textil catalanes, que deseaban "protegerse" de la competencia de los trigos americanos y los tejidos ingleses, sensiblemente más baratos. Los perjudicados por esa política fueron los comerciantes y los menos pudientes, debido a la subida de precios de alimentos que siguió a la entrada del arancel: se llegó a hablar de "arancel del hambre"­ Otro apoyo importante vino de la Iglesia católica. La Restauración permitió que la Iglesia controlara la educación y la vida privada de los españoles, permitió la creación de conventos y órdenes religiosas, formalmente prohibidas desde 1836, y suspendió el matrimonio civil, reconociendo como legal sólo el canónico ­ Tampoco hubo una oposición nítida al sistema: el republicanismo había salido muy dañado de la experiencia de 1873, socialismo muy débil en el plano político, aunque tenía cierto vigor en el mundo sindical. Alguna importancia mayor tendrá el anarquismo. Y los nacionalismos catalán y vasco, aunque se gestaran a finales del siglo XIX, obtendrán sus mejores dividendos a partir más o menos de 1900. Pero esta estabilidad tuvo un precio. Como se ha dicho, los dos partidos dinásticos no eran organizaciones "de masa" tal como hoy se entienden los partidos políticos, sino restringidos grupos de dirigentes provinciales que para ganar las elecciones buscaban apoyos entre los caciques de los pueblos. Los caciques no eran sino los poderosos que habían hecho su fortuna en la desamortización, y que utilizaban ese poder para dar trabajo y hacer "favores" a sus vecinos. Por su posición social, los caciques eran muy bien tratados por los dirigentes nacionales de los partidos, que acudían a ellos en busca de votos en las circunscripciones rurales. Durante la Restauración, de hecho, el partido en el poder, conservador o liberal, "amañaba" los comicios con el apoyo de los caciques, y ganaba siempre. ¿Cómo? En su función de intermediario entre el Gobierno y el elector, el cacique o poderoso local intercambiaba votos por "favores" entre los votantes que entraran en su juego, que eran la gran mayoría. El elector dará su voto a quien le pida el cacique, y éste, en compensación, procurará encontrar trabajo o hacer "favores" al elector que siga sus recomendaciones. El caciquismo por tanto podría definirse como una corruptela política a través de la cual el Gobierno de turno se asegura la victoria en las elecciones pactando con los caciques o las personas más influyentes de los pueblos y distritos, quienes utilizan su influencia para atraerse el voto de los electores a cambio de "favores" o promesas de empleo. Estas prácticas, características del mundo rural, tenían su contrapunto en las ciudades, donde los caciques tenían menos poder e influencia. En Madrid y Barcelona, por ejemplo, fueron mayoría los partidos "no dinásticos", esto es, republicanos, socialistas y nacionalistas, pero ninguno de ellos tuvo (hasta bien entrado el siglo XX) fuerza suficiente como para erigirse en verdadera oposición al sistema de la Restauración. El sistema podía asumir la existencia de fuerzas políticas "externas" a él, porque no representaban un serio peligro a la estabilidad del mismo. Mucho se podrá criticar el caciquismo por su evidente indecencia, pero en realidad, éste no fue sino un reflejo de la realidad social española. Existió porque la sociedad española era rural, analfabeta, atrasada y muy desigual, en la que más de dos tercios de la población viven en municipios de menos de diez mil habitantes. El caciquismo, además, beneficiaba a todos los que entraban en sus redes: el Gobierno gana las elecciones, el elector se garantiza un empleo o un "favor", y el cacique refuerza su posición "con los de arriba" y "con los de abajo". "Con los de arriba", porque los dirigentes nacionales saben que el cacique es una persona con la que "hay que contar" en los momentos delicados, y "con los de abajo", porque el pueblo considera al cacique como su protector, o en otros casos, como "un conseguidor" con el que hay que llevarse necesariamente bien para trabajar. El elector rural verá en el político "de Madrid" un señor alejado que poco podrá hacer por su beneficio; el cacique, en cambio, es alguien próximo, tangible, real. El elector se dejaba corromper porque no estaba interesado en las leyes que pudiera aprobar el lejano parlamento de Madrid, sino en el "favor" inmediato que podía recibir en su pueblo. ¿Qué importancia tiene un voto al parlamento cuando el cacique premia tu lealtad en el día a día? Surge de inmediato una nueva pregunta. Si el que gobierna siempre gana las elecciones, porque se aseguraba mayoría en el parlamento, ¿cómo podía cambiar el Gobierno? En los regímenes parlamentarios de aquella época, algo distintos a los de que conocemos en la actualidad, todo Gobierno debía sustentarse en una "doble confianza", la del Rey y la de las Cortes. Si fallaba una de las dos, el Gobierno cae. Como se ha visto, el Gobierno tenía garantizaba la mayoría en las Cortes, porque "siempre ganaba las elecciones ", pero poco podía hacer cuando entraba en juego "la confianza" del Rey. Cuando el partido en el poder daba señales de agotamiento, la Corona se erigía en portavoz de la "opinión pública" del país, y cesaba al presidente. De tal suerte, la alternancia en poder no era fruto de la voluntad de los electores, sino de la pérdida de confianza del Rey en el partido que estaba en el Gobierno. Cuando caía el Gobierno, el monarca entregaba el poder al jefe de la oposición ("cambiaba el turno"), y le encargaba convocar nuevas elecciones en un futuro próximo. Y como se ha visto, los nuevos gobernantes se encargaban de amañar las elecciones acudiendo a los caciques. Para que el sistema funcionara, además del cacique y del Rey, era imprescindible que los dos principales partidos estuvieran de acuerdo en ser mayoría o minoría, según las circunstancias, lo cual no era muy difícil, porque la oposición sabía que en dos o tres años volvería a ser Gobierno. La primera tarea del nuevo presidente consistía en sustituir a los gobernadores civiles heredados del Gobierno anterior y negociar con los líderes del partido que entraba en la oposición el resultado de las próximas elecciones, en la idea de que el nuevo Ejecutivo pudiera obtener una mayoría suficiente para gobernar sin sobresaltos. El ministro de Gobernación del Gobierno entrante y el líder del partido destinado a ser minoría en las futuras Cortes, pactaban los nombres que debían presentarse por cada distrito, y los que habrían de ser elegidos. Tal era el sentido de la operación del "encasillado". El predominio de los distritos uninominales y el "saber hacer" de los caciques, aseguraba el resultado electoral, que generalmente, otorgaba al partido del Gobierno unos 230-270 escaños, algo menos de 100 al principal partido de la oposición, y el resto se dejaba a las minorías excluidas del sistema. Con este mecanismo, Cánovas y Sagasta gobernaron España durante un cuarto de siglo, intercambiando sus papeles al frente del Gobierno o de la oposición. Los resultados de las elecciones legislativas celebradas en España entre 1891 y 1901 dicen mucho acerca del sorprendente "cambio" de fidelidades políticas de los españoles. En resumen: la alternancia entre conservadores y liberales no era sincera, porque no era expresión de los deseos reales de una nación que votaba a unos o a otros en función de la eficacia de los gobiernos. El cambio de Gobierno dependía de la confianza que el Rey tuviera en los políticos de "turno". Es difícil imaginar una mayor perversión del principio de la soberanía nacional y de la práctica del sufragio universal. Caciquismo, oligarquía dominante, fraude electoral, perversión consciente del principio de soberanía nacional, uso viciado del decreto de disolución, definen con bastante claridad lo que fue el régimen político de la Restauración. Cambios económicos, sociales y culturales Sería un error pensar que la España del primer tercio del siglo XX era sólo una sociedad rural y estancada, con una economía agraria sustancialmente idéntica a la de cien años antes. Las investigaciones actuales tienden a resaltar, en cambio, las novedades del período 1900- 1930. De hecho, como país europeo, España también se vio envuelta en un cierto proceso de modernización: se desarrollaron las ciudades (Madrid, Barcelona, Bilbao), aumentó la población, disminuyó la mortandad y crecieron las clases medias. Ya a finales del siglo XIX hubo importantes novedades, que subrayamos: se consolidó el sector industrial (siderurgia vasca) y minero (carbón asturiano). La luz eléctrica comenzó a llegar a los hogares españoles a fin de siglo, y hacia 1894 hubo un verdadero boom de compañías eléctricas, paralelo al de la gran banca. Tampoco la agricultura quedó al margen de los avances, sobre todo el cultivo de vid, aceite y naranjas, orientado hacia la exportación. Pero este crecimiento fue insuficiente y no alcanzó a todos: las clases más humildes siguieron estancadas en la pobreza, y fue el movimiento sindical quien se encargó de denunciar estas desigualdades. Se ha podido hablar de la España de la Restauración como un "país dual", con grandes diferencias entre ricos y pobres, entre regiones desarrolladas y subdesarrolladas. Algo no muy distinto, por cierto, a lo que ocurría en los países de nuestro entorno. Por eso, contradiciendo las tesis contrapuestas (e igualmente exitosas) que hablan de "milagro" o de "fracaso español", se puede definir la España de 1900 como la imagen de un país "normal". Por partes: La población española creció a buen ritmo, y pasó de 18,5 millones de habitantes en 1900 a 23,5 en 1930. Este ascenso tiene mucho que ver con la bajada de la mortalidad, que pasa del 29‰ en 1900 al 18 en 1930. Si la esperanza de vida era de 35 años en 1900, en 1930 alcanzaba ya los 50. Parece ser que los factores determinantes no fueron tanto los avances médicos como la mejora de la dieta y de la higiene. Como en el siglo anterior, esta elevada presión demográfica, unida a los limitados recursos económicos disponibles, se resolvió con una alta tasa de emigración. Un millón de españoles abandonaron la península entre 1900 y 1914. Hacia 1910 cambia algo la tendencia. La inseguridad en el mundo, unida a la mejora de la calidad de vida en las ciudades españoles, puede explicar que el emigrante poco a poco prefiera la gran ciudad española a la aventura americana. Así, hacia 1930 el 42 por ciento de los españoles ya vivía en núcleos de más de diez mil habitantes. Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla, por ejemplo, duplicaron su población entre 1900 y 1930. De tal manera, Barcelona ya rebasaba el millón de habitantes en 1930, y Madrid casi los rozaba. De Aragón, Valencia, Murcia, incluso Almería, los emigrantes solían marchar hacia Barcelona. La España atlántica y meseteña se orienta hacia Madrid o América (los "gallegos"), mientras que los habitantes de Castilla la Vieja suelen establecerse en Bilbao. No menos importante es decir que los que llegan a las ciudades son jóvenes comprendidos entre los 15 y los 35 años. A modo de ejemplo, apenas una tercera parte de los habitantes del Madrid de 1930 había nacido en la capital: los otros dos tercios habían llegado de fuera. Al tiempo que crecen, las ciudades se ensanchan y se modernizan. Casi todas las capitales de provincia incorporan servicios propios de la vida moderna (gas, luz, medios de transporte). Y si en Barcelona los arquitectos modernistas cambian la orografía de la ciudad (Gaudí, Doménech i Montaner, Puig i Cadafalch), en Madrid se levantan suntuosos edificios oficiales y las sedes de los principales bancos. El ritmo frenético de las edificaciones produjo un gigantesco crecimiento del sector de la construcción, convertido en el verdadero motor de la economía española. En el ámbito económico, la modernización se tradujo en un notable auge de la industria y del sector servicios. La población agrícola será del 45% en 1930, unos quince puntos menos que en 1900; la población activa que trabaja en la industria pasará, en cambio, al 27%, y la contratada en el sector servicios llegará al 28. Son pautas que nos revelan a las claras que la economía española se moderniza, aunque lo haga lentamente. En líneas generales, el panorama industrial de 1900 no es excesivamente halagüeño, aunque tampoco sea el propio de una economía estancada. Predomina la industria alimenticia, la madera, el vidrio, la pequeña metalurgia, es decir, prevalece el pequeño taller sobre la gran fábrica, y la industria de consumo sobre la industria destinada a la fabricación de bienes de equipo. Hubo, sin embargo, un factor que benefició coyunturalmente el despegue de la industria nacional: fue la Gran Guerra europea, en la que España se declaró neutral. Los países en guerra se surtieron de productos españoles, agrarios e industriales, las exportaciones crecieron de forma espectacular, y al calor de los beneficios del momento, entre 1914 y 1917 se crearon nuevas sociedades y empresas en España. Es la época de los llamados "nuevos ricos". Así, aunque la industria tradicional de Barcelona era el textil, una mayor actividad financiera durante esos años impulsará la creación de sociedades anónimas en sectores como la química, la farmacéutica, la metalurgia y la ingeniería mecánica. En el País Vasco la metalurgia, el sector naval, la hidroeléctrica, y sobre todo la gran banca (Banco de Vizcaya), convierten Bilbao en el centro del moderno capitalismo español. Algunas familias vascas se sitúan en la cúpula del Estado, controlan por medio de la banca a la gran industria e influyen decisivamente en la acción de los gobiernos. Incluso en el campo la producción de cereal, de vino y de aceite creció espectacularmente entre 1914 y 1917. Los cosecheros pusieron en cultivo nuevas tierras y contrataron nueva mano de obra. El beneficio para las clases trabajadoras y campesinas fue relativo, porque los precios aumentaron de forma desproporcionada, e incluso llegaron a escasear productos de primera necesidad, dado que los empresarios preferían exportar a surtir el mercado nacional. En suma, la economía creció mucho esos años, pero de forma muy desigual. Aunque la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial favoreció las exportaciones y la producción de nuestras industrias, este "boom" económico sólo benefició a unos pocos, ya que las clases más humildes se empobrecieron por el continuo alza de precios. El final de la guerra fue también el fin del "chollo" de los productores, que tras 1918 no dudaron en despedir y reducir salarios. Al extraordinario aumento de beneficios en sectores como el carbón, el textil o el naval (muy solicitadas en tiempos de guerra) seguiría, tras el fin de la guerra, una fuerte contracción. Lo mismo pasó en el campo. Cerraron empresas, aumentó el paro, la conflictividad social fue en aumento y, en la mejor tradición patria, el Estado español tuvo que intervenir en defensa de la industria nacional elevando los aranceles en sectores anteriormente no protegidos, como la siderurgia o las navieras. En consecuencia, el ciclo expansivo propiciado por la Gran Guerra se acabó enseguida, sin que se hubieran hecho más competitivos los grandesDocumento2  9 sectores productivos de la economía española, ni se hubieran emprendido las reformas institucionales precisas. Durante la Dictadura de Primo de Rivera el Estado se volvió más intervencionista. Mediante el recurso al gasto público se emprenden grandes obras públicas (carreteras, ferrocarriles, presas y embalses), y se subvenciona la edificación de nuevos bloques de viviendas en las ciudades, lo que benefició significativamente al sector de la construcción y a todas las industrias a él vinculadas (siderurgia sobre todo). Pero esta actuación de Primo sólo subrayaba el principal problema de la economía española: su dependencia del Estado. La industria no se sostiene en la demanda particular ni en la inversión privada, sino en la protección del Estado, que es a su vez el principal cliente de las empresas. Con una débil demanda interna y con una fuerte protección frente al exterior, la industria española se mantiene en dimensiones muy reducidas, predominando la pequeña empresa de corte familiar. Hablamos así de un capitalismo protegido, corporativo, familiar, dependiente del Estado. No se guía tanto por los principios de racionalidad, productividad, competitividad que caracterizan una moderna economía de mercado. La agricultura no fue esta vez ajena a las novedades, hasta tal punto la producción y los rendimientos agrícolas crecieron de forma sostenida. Es cierto, sin embargo, que este crecimiento fue muy desigual, pues se concentró en los sectores del vino, aceite de oliva y cítricos, tres cultivos más orientados a la exportación que al consumo interior. Cataluña con el vino y Valencia con sus naranjas son paradigma de una agricultura próspera. En contraste, la producción de cereal creció poco, sin duda porque el proteccionismo le garantizaba el monopolio del mercado español. En cuanto al régimen de propiedad de la tierra, hay notables diferencias entre norte y sur. En Andalucía, en Extremadura o en el sur de Castilla predomina el latifundio, pero los propietarios prefieren el empleo de mano de obra jornalera y barata que la inversión en máquinas, fertilizantes o riegos. A veces estos propietarios arriendan sus tierras a labradores, pero es raro que un arrendatario introduzca mejoras técnicas en unas tierras que no son suyas. La existencia de enormes masas de jornaleros mal pagados y mal alimentados será una fuente constante de problemas sociales, que explotarán con toda su intensidad durante los años de la Segunda República. A medida que nos acercamos al norte, la gran propiedad va dando paso a otra propiedad media y pequeña. El labrador del norte, aunque tiene tierras, es más pobre e inseguro, confía en las instituciones eclesiásticas, de las que obtiene créditos (Círculo Católico, Burgos), y es también proclive a un conservadurismo político de cortos vuelos. Sociedad. Junto con el rápido retroceso del analfabetismo, que aún así alcanza el 27% en 1930, conviene subrayar el declive del localismo, o sea, la pérdida de la absoluta primacía del factor local. Las pequeñas entidades de población, antes aisladas y orientadas hacia la agricultura de subsistencia, comienzan a abrirse por el doble efecto de la emigración y el transporte. El crecimiento urbano, además, pone en crisis el sistema de poder creado por el caciquismo. Aún así, las que llamamos "clases medias" siguen siendo reducidas. Lo limitado de la industrialización y del empresariado español no favoreció tampoco la aparición de una clase media de profesionales y técnicos vinculados a la moderna economía de mercado. La clase media española trabaja más bien para el Estado (burócratas, funcionarios) o vive del ejercicio de las llamadas profesiones liberales, pero no participa de la cultura del riesgo económico. Sí habrá, sobre todo en las ciudades, pequeños industriales y comerciantes que no responden en absoluto al estereotipo del gran capitalista. Son los pequeños burgueses, que con frecuencia trabajan codo con codo con sus obreros, entre los que ahora así, irrumpen con fuerza dos grandes sindicatos, UGT y CNT. Pequeños patronos y obreros se considerarán a sí mismos como "pueblo", y en 1931 actuarán en abierta oposición con la vieja oligarquía terrateniente y especuladora que había controlado la vida política y económica en las últimas décadas. Precisamente esa oligarquía, incapaz de abrir el sistema de poder a nuevas clases sociales y contraria a todas las grandes reformas, será la gran derrotada con la proclamación de la Segunda República en 1931. Un último aspecto que caracteriza la sociedad española del momento es la marginalidad de la mujer. España era aún una sociedad tradicional y católica, cuyos códigos legales coartaban no pocas de las libertades del género femenino. El primer tercio del siglo XX fue por último un período muy fructífero de la cultura española. A la "generación del 98" sucederán la del 14 (con nombres como Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Gregorio Marañón, Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla o Ramón Pérez de Ayala) y la del 27, que vivirá su mejor momento en los años de la II República. La ciencia contará con financiación pública tras la creación en 1907 de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, cuyo primer presidente fue Santiago Ramón y Cajal. Se hablado con justicia de una "Edad de Plata" de la cultura española. Lo curioso es que esta explosión cultural se produjera en un país con un alto índice de analfabetismo y una tasa de escolarización baja, consecuencias uno y otra de un deficiente sistema educativo. Las tiradas de los principales periódicos eran modestas, aunque la parte de la población alfabetizada leía mucho más que en la actualidad, y por eso sus opiniones tenían mayor peso. En Cataluña el resurgir cultural tuvo su mejor expresión en el modernismo y en el novecentismo, dos movimientos que, a caballo entre lo nuevo y lo viejo, pretendían abarcar todas las formas de expresión artística (arquitectura, pintura, escultura, literatura, música). Sobresalen nombres como el escritor Joan Maragall, el pintor Santiago Rusiñol o el ensayista Eugenio d'Ors.

Contextualización de la obra.

Valle-Inclán es uno de los ejemplos más curiosos de evolución disciplinada y sistemática en la literatura española. Profundo admirador de la musa modernista (amigo íntimo de Rubén Darío), su obra es un singular camino desde, una estética sublimadora de lo bello a otra de signo contrario. Se trata de una evolución rigurosa, ya que su modernismo, deja paso con absoluta coherencia al llamado esperpentismo. No cabe hablar, pues, de un Valle-Inclán modernista y otro esperpéntico como si se tratara de dos autores distintos. Se pueden apreciar elementos rubenianos en sus últimas producciones, como también gérmenes de una estética deformadora en sus primeras obras. Como todo autor, deja sentir una etapa de influencias que le animan a conseguir un estilo propio. Las procedentes de un Eya de Queiroz o un D' Annunzio, cristalizan en obras tan singulares como Luces de bohemia. Como diría Dámaso Alonso, Valle-Inclán pasa «del haz al envés de una misma visión del mundo». Estamos ante un autor de profunda inspiración plástica, y que estuvo sometido a un mismo proceso deformador: hacia lo bello en una primera etapa, degradador y negativo en la segunda. Hasta 1926, en que publica Tirano Banderas, Valle-Inclán no escribe una novela que rompa; en su género, con las aportaciones ofrecidas en el terreno modernista. Queda de entonces la fuerza del vocabulario, la riqueza de ambientes y el sentido de estilización. Pero esta vez, todo va encaminado hacia unos fines que la sitúan próxima a un «esperpento». En la misma línea está la colección de El ruedo ibérico, que quedó incompleta por la muerte del autor. De las tres series de que iba a constar, sólo acabó la primera. Los amees de un reinado, compuesta por La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas, publicada en fragmentos, en vida del autor, y completa en 1958. La estética de Valle-Inclán alcanzaba su expresión más intensa, profunda y crítica. La teoría del esperpentismo había cobrado carta de naturaleza, y era la historia, la historia española, la que iba a sufrir el proceso deformador desde el reinado de Isabel II hasta el desastre nacional del 98.


  • Concepto de «esperpento»:

 Conviene precisar el término esperpento antes de tratar el teatro, género que sitúa a Valle-Inclán en el punto más alto de la dramaturgia española del s. XX. Al hablar de lo esperpéntico hay que ser conscientes de! nivel artístico que significa. No es ni un género ni un estilo: se trata de una categoría que alcanzan ciertas formas del arte estilizadas negativamente. Para que se produzca ese proceso la obra está sometida a una serie de circunstancias: existir un evidente propósito de crítica, coincidir con cierta concepción pictórica y ser propia de una tradición española de estilo: rasgos intensos, negros. La obra de Valle-Inclán cumple estos requisitos pero, además, la teoría alcanza su forma más insólita bautizando a cuatro de sus piezas como esperpentos. Estamos ante un debate terminológico, fácilmente comprensible si se distinguen los lindes de esperpento y esperpéntico. Tirano Banderas y Farsa y licencia de la reina castiza (1920), que no fueron llamados por el autor como esperpentos, son, sin duda, esperpénticos. Es éste un interesante matiz a considerar en el autor que creó el esperpento y definió la más interesante y actual teoría sobre lo esperpéntico, zona suficientemente conocida a través de Quevedo, Torres Villarroel, Goya o Solana. Valle-lnclán, dramaturgo. No tuvo un riguroso planteamiento ante el fenómeno teatral. Llegó a él merced a su matrimonio con una actriz. Tampoco el teatro de su tiempo le interesó lo suficiente como para luchar por él. Sus obras tuvieron desigual fortuna, y ese desdén por las formas dramáticas de los años 20 le llevó a escribir bajo una concepción absolutamente fuera de su tiempo. Gracias a eso, Valle-Inclán se adelantó en mucho a toda la falsa tramoya de telones pintados, obras en tres actos y temática menor. Como consecuencia de esto, la mayoría de las veces no escribe para que sus piezas sean representadas. La primera, incluso, lleva el subtítulo de Coloquios románticos. Se trata de El Marqués de Bradomín (1903). Las Comedias Bárbaras, en este sentido, parecen estar mucho más próximas a las Sonatas que a los esperpentos.Aguila de blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata(1922) son, no obstante, obras de gran fuerza dramática. Les dan un sabor considerable las reminiscencias de su regionalismo. Auténticos coros de mendigos y pobres rodean las tierras del caballero Montenegro, entre cánticos, romerías y la presencia de la Santa Compaña. Idéntico decorado ofrece el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte (1913), en donde los tonos desgarrados se identifican más plenamente a lo largo de las cinco piezas que lo componen. y ese marco, llevado a sus últimos extremos, dará un intenso aguafuerte: Divinas palabras ( 1920). La obra fue estrenada por la compañía de Margarita Xirgu en el Teatro Español el 16 de Noviembre de 1933, dos años antes de la muerte del autor. Como los pocos estrenos de obras suyas anteriores, el de Divinas palabras fue todo menos un éxito de público. Muerto ya Ramón del Valle-Inclán, y pasadas las guerras civil y mundial, la tragicomedia se representó en Francia, Suecia, España, Alemania, Italia, Holanda, Inglaterra y Grecia. Abundantemente reeditada desde 1941 hasta hoy, se tradujo al francés y al inglés en vida del autor, y después a otros idiomas: alemán, italiano, ruso, griego, rumano y polaco.
• TEMA:

 -El tema es la avaricia o el afán de poseer un objeto que produce ganancias, intensificada por la lujuria o el deseo de goce sensual, y presidida por la muerte.
MIGUELIN: -“Mucho te vale el tesoro, Mari Gaila.”
 -MARI-GAILA: “Ni un mal chavo pelón”
 -MIGUELIN: “¡Si robas la plata con la ocurrencia que sacaste de enseñar las vergüenzas del engendro!” (...)
- SÉPTIMO MIAU: “Entra”
MARI-GAILA: “¿Y qué hago del carretón?”
 -SÉPTIMO MIAU: “Lo dejas fuera. Entramos, pecamos y nos caminamos”
 -MARI-GAILA: “Lindo verso”
SÉPTIMO MIAU: “¡Hala!” (..) ¡Bebí tu sangre!”
 -MARI-GAILA: “A ti me entrego”
 -SÉPTIMO MIAU: “¿Sabes quién soy yo?”
 -MARI-GAILA: “¡Eres mi negro!”


  • ARGUMENTO:

-La perra de Lucero adivina que Pedro será cornudo. Muere Juana la reina y los compadres Miau(Lucero) y Miguelín se reparten el bolso que éste ha robado a la muerta. Mari-Gaila, ambiciosa del carretón, y Marica del reino, con igual ambición, hacen su planto a la difunta cuñada. El Pedáneo arbitra el pleito del carretón asignando su beneficio a ambas mujeres por partes iguales. Marica va pregonando por ahí lo incumplidora y descarriada que es Mari-Gaila, mientras ésta yerra por caminos y ferias tirando del carretón. Entonces conoce a Miau, y el pájaro sabio del Compadre adivina el horóscopo de la mujer. Marica induce a Pedro Gailo a los celos y embriagado, éste planea su venganza de honor y tienta a su hija Simoniña, mientras Mari-Gaila y Miau se encuentran y juntan en una noche de fiesta. Muere el carretón en el hostal poco antes de volver Mari-Gaila de su cita con el Compadre, y al llegar es arrebatada por el Trasgo Cabrío y conducida a su casa. Allí, riñen los esposos y Simoniña es encargada de llevar el carretón ante el portal de Marica. Al amanecer, ésta descubre a los cerdo comiéndose el rostro del cadáver. Marica devuelve entonces el carretón a los Gailos, promoviéndose un altercado de malas palabras. La vieja Tatula entabla el encuentro clandestino de los dos compadres y descubiertos ambos en pecado, Mari-Gaila, desnuda sobre un carro de heno, desafía a sus perseguidores. Pedro Gailo salva a la adúltera pronunciando, en latín, las divinas palabras.

 •ESTRUCTURA DE LA OBRA:

-Interna: muere la madre del hidrocéfalo y se disputan la herencia de éste invalido Marica del Reino y Mari-Gaila, beneficiadas a partes iguales; abusa Mari-Gaila de su parte y atraída por Séptimo Miau, desvía su atención de la codicia al placer, a consecuencia de lo cual muere el monstruo; sorprendidos al día siguiente los compadres en acto de fornicación, Pedro Gailo, sacristán y esposo del adúltera, salva a esta de los asaltos del pueblo leyendo las palabras de perdón de Cristo, que ahuyentan a los agresores y retraen a la mujer al asilo de la iglesia. -Externa: la obra se divide en Jornadas y estas a su vez en escenas. La Jornada primera está compuesta por cinco escenas, la Jornada segunda por diez y la Jornada tercera por otras cinco.

  •GENERO Y ESTILO:

-Esta obra es una tragicomedia de aldea en la que destacan algunos rasgos específicos: Derivado de su carácter de poeta, Valle-Inclán infunde en esta obra una calidad supra temporal, (aquella con que el recuerdo alumbra lo evocado). La época en que sucede la acción de la tragicomedia apenas aparece aludida. Mayor presencia que la época tienen la estación -el verano- y las partes del día o la noche, aunque por sugerencia sensorial, no con precisiones de calendario ni de reloj. No se cumple para el conjunto del drama la unidad de tiempo del teatro clásico, pero sí con cuidado notable, para cada una de las tres jornadas. Quien busque la continuidad de los hechos, la hallará sin duda, pero en una forma de percepción temporal que parece discontinua: las escenas son numerosas y cada una posee su autonomía, su eficacia singular, su tensión propia. Tal modo de coherencia discontinua recuerda al arte del retablo. En las Jornadas I y III predomina la sucesión pausada, y en la II se dan a sentir la habitualidad y la simultaneidad de escenas.

RECURSOS LITERARIOS BÁSICOS:

 -Esta obra, podría estimarse como la pieza dramática más exclamativa escrita por Valle-Inclán. Cooperan en ella casi todas las modalidades del “diálogo a gritos” en que su arte culmina, incluso el grito exultante de júbilo, admiración o amor, como podemos observar en el final del asedio entre Séptimo Miau y Mari-Gaila. Hay en Divinas Palabras asertos, insultos, mandatos, ruegos, veraces lamentos, plantos histriónicos no carentes de efecto emotivo, gritos y onomatopeyas, además de peloteo de réplicas que recuerda a la monótona hilera de frases alternadas entre Estragón y Vladimir en Esperando a Godot. Las acotaciones tienen todavía mucho pedestal declamatorio. Como palanca escénica y como verbal y gestual caricatura brindan mayor volumen que hasta entonces. Claro es que sus acotaciones jamás fueron destinadas al director de escena, fueron siempre trasuntos verbales de lo imaginado por el autor y por él recordado. No es menos cierto, sin embargo, que tales acotaciones hacen aparecer los escenarios.

 •ANÁLISIS ACTIVO DE LOS PERSONAJES:

 -Si recordamos las dos tramas activas que se entrelazan articulando el drama, y la comparecencia de la muerte que, a modo de urdimbre pasiva, las envuelve, hay que reconocer que Marica del Reino pronto queda derrotada en aquellos dos frentes: nada puede contra su rival en el uso del carretón, ni logra del encelado esposo la venganza que se esforzaba por atizar. Su carácter es, además, simple, automático y reiterativo, con mucho de pelele.
-Simoniña se dibuja en la Joranada I como una muchacha boba, eclipsada por la gracia y hermosura de su madre. Cuando en la Jornada II se la ve resistir tan discreta los delirios incestuosos del padre, recibir a la madre tan segura de la lealtad de esta (aunque la idealice) y arriesgarse en la noche a transportar el carretón al portal de Marica, la figura de la muchacha se levanta. Y altura máxima adquiere la supuesta boba en la Jornada III: vela allí el cadáver del monstruo pidiendo limosna para enterrarlo, reprocha a Benita la Costurera su hipócrita decencia y su falta de caridad, y a Séptimo Miau le lanza en rostro el más ingenuo conjuro.
-Séptimo Miau expresa mejor que nadie la temporalidad, la andanza y el celo intelectivo. Proviene de la nada y desaparece de la nada; tiene antecedentes penales; carece de ocupación, aunque es industrioso y ha amaestrado a un perro sabio y a un pájaro mago; ha pactado con el demonio; vive entregado al azar del momento; es moralmente bajo, cínico, indiferente y cambia de nombre. Aun siendo un desalmado, su función es movilizante y, a la luz de la convivencia en el mundo, liberadora en cierta forma: seduce a la mujer, siembra la inquietud en los aldeanos. Es Séptimo, por otra parte, el único hablante que pronuncia palabras de signo regenerativo o ilustrado.
-Mari-Gaila encarna a la mujer hastiada del deber y anhelosa de goces. No es un personaje idealizado moralmente. Aparece como una mujer percatada de su tedio conyugal junto al rígido Pedro y consciente de su hermosura. Con su hechizo y sus plantos precipita el debate en torno al carretón, inclinándolo a su parte. Revélase después, en su vida nómada, foco de la admiración y la atracción de todos. La pasión sexual, sensual e imaginativa, la arrastra a experiencias cada vez más excitantes. Sigue siendo una mujer descarada y aun cruel con su marido, la hija y sobre todo la cuñada. Incluso al verse en manos de sus asaltantes, se comporta con la fiereza y la astucia de la bestia acosada, no con gestos de ultrajada heroína, y su tránsito al templo, de la mano del marido, tiene más de resignación, que de remordimiento.
-Pedro Gailo parece albergar en su humilde persona cierta sabiduría anterior a la inteligencia y algo así como el soplo de espíritu o la voluntad de milagro dentro de la costumbre y en el seno de un código. Sería, en fin, el sujeto del triángulo protagonista afectado por la óptica deformadora del “esperpento”.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Obras de Ramón del Valle Inclán.

Su producción literaria es muy amplia y compleja, porque si bien tocó casi todos los géneros, nunca se ciñó a sus normas, y rechazó la novela y el teatro tradicionales. Estéticamente siguió dos líneas: una, poética y estilizada, influida por el simbolismo y el decadentismo, que lo inscribió entre los modernistas; la otra es la del esperpento (que predominó en la segunda mitad de su obra), con una visión amarga y distorsionada de la realidad, que lo convierte, en palabras de Pedro Salinas, en "hijo pródigo del 98". Entre 1902 y 1905, publicó las Sonatas, su primera gran obra de narrativa y la mayor aportación española al modernismo. La unidad de estas cuatro novelas recae en el personaje del Marqués de Bradomín, una irónica recreación de la figura de don Juan, convertido en "feo, católico y sentimental". En Flor de santidad (1904), que sigue en la misma línea estética, aparece por primera vez un tema en el que abundó a lo largo de su carrera: la recreación mítica de una Galicia rural, arcaica y legendaria. En sus tres novelas de la guerra carlista, Los cruzados de la causa (1908), El resplandor de la hoguera (1909) y Gerifaltes de antaño (1909), su estilo se simplificó al despojarse de los adornos modernistas. Por su profundización en los sentimientos individuales y colectivos, la trilogía anticipó sus mejores obras posteriores. Tirano Banderas (1926) es su novela más innovadora y se puede considerar como el primer exponente del esperpento valleinclanesco. Su argumento es la crónica de un dictador hispanoamericano, analizado como la fatal herencia que España transmitió a América. No hay linealidad temporal, sino una serie de cuadros que dan una visión simultánea de los acontecimientos que acaecen en tres días. Su obra narrativa se completó con El ruedo ibérico, un ciclo novelesco cuyo objetivo era abarcar, en forma de novela, la historia de España desde la caída de Isabel II hasta la ascensión al trono de Alfonso XII. La muerte truncó este ambicioso proyecto, del que sólo vieron la luz La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y la incompleta Baza de espadas (1932). También aquí rompió la sucesión temporal y la narración se asentó en cuadros, a veces muy breves, discontinuos e independientes, cuya única conexión es el contexto histórico. El lenguaje, proveniente del mundo de los toros y el teatro, con diversos registros idiomáticos que van desde lo refinado a lo chabacano, acentuó lo grotesco de la realidad que describió.
El teatro: La obra dramática de Valle-Inclán es probablemente la más original y revolucionaria de todo el teatro español del siglo XX, al romper las convenciones del género. En palabras de su autor: "Yo escribo en forma escénica, dialogada, casi siempre. Pero no me preocupa que las obras puedan ser o no representadas más adelante. Escribo de esta manera porque me gusta mucho, porque me parece que es la forma literaria mejor, más serena y más impasible de conducir la acción". Se inició con Cenizas (1899) y El marqués de Bradomín (1906), adaptaciones de dos de sus relatos. Todavía inscritas en el estilo decimonónico teatral, manifestaron sin embargo rasgos muy personales, como el gusto por el tema de la muerte, el pecado y la mujer, y la importancia de lo plástico en las acotaciones escénicas.Las Comedias bárbaras, una trilogía compuesta por Águila de Blasón (1907), Romance de lobos (1908) y Cara de plata (1922), constituyeron la primera gran realización dramática valleinclanesca. En abierta ruptura con el teatro de la época tienen como tema una Galicia feudal y mágica cuyo desmoronamiento se simbolizó en la degeneración del linaje de los Montenegro. Retomó la mítica gallega con El embrujado (1913) y Divinas palabras (1920), y utilizó como protagonistas a personajes populares y marginados. Sus obras más abiertamente modernistas son Cuento de abril (1909), Voces de gesta (1912) y La marquesa Rosalinda (1913), aunque en ellas hay elementos que presagian el cambio de su teatro, como la visión irónica y casi esperpéntica de una España ruda y provinciana que contrasta con la cosmopolita y refinada Francia. Valle-Inclán dio el nombre de esperpentos a cuatro obras: Luces de bohemia (1920), Los cuernos de don Friolera (1921), Las galas del difunto (1926) y La hija del capitán (1927), estas tres últimas agrupadas en el volumen Martes de carnaval (1930). El autor puso en boca del protagonista de Luces de bohemia, Max Estrella, la explicación a la necesidad de crear un nuevo género escénico: la tragedia clásica no podía reflejar la realidad española, porque ésta se había convertido en "una deformación grotesca de la civilización europea". El esperpento fue, pues, para Valle-Inclán una moderna concepción de la tragedia.

Biografía de Ramón del Valle-Inclán.

Nace en Villanueva de Arosa, 1869 y muere en Santiago de Compostela, 1935 Narrador y dramaturgo español, cuyo verdadero nombre era Ramón Valle Peña. La muerte de su padre le permitió interrumpir sus estudios de derecho, por los que no sentía ningún interés, y marcharse a México, donde pasó casi un año ejerciendo como periodista y firmando por primera vez sus escritos como Ramón del Valle-Inclán.De vuelta a España, se instaló en Pontevedra; publicó diversos cuentos y editó su primer libro, Femeninas (1895) que pasó inadvertido para la crítica y el público. Viajó a Madrid, donde entabló amistad con jóvenes escritores como Azorín, Pío Baroja y Jacinto Benavente y se aficionó a las tertulias de café, que no abandonó ya a lo largo de su vida. Decidió dedicarse exclusivamente a la literatura y se negó a escribir para la prensa porque quería salvaguardar su independencia y su estilo, a pesar de que esta decisión lo obligó a una vida bohemia y de penurias. Tuvo que costearse la edición de su segundo libro, Epitalamio (1897), y por esa época se inició su interés por el teatro. Una folletinesca pelea con el escritor Manuel Bueno le ocasionó la amputación de su brazo izquierdo. Con el propósito de recaudar dinero para costearle un brazo ortopédico que el escritor nunca utilizó, sus amigos representaron su primera obra teatral, Cenizas, que fue su primer fracaso de público, una constante en su futura carrera dramática. En 1907, Valle-Inclán se casó con la actriz Josefina Blanco y, entre 1909 y 1911, se adhirió al carlismo, ideología tradicionalista que atrajo al autor por su oposición a la sociedad industrial, al sistema parlamentario y al centralismo político. En 1910, su esposa inició una gira por Latinoamérica en la que él la acompañó como director artístico. Durante el viaje, la compañía teatral de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza contrató a Josefina Blanco y, de vuelta a España, estrenó dos obras de Valle-Inclán, Voces de gesta (1911) en Barcelona y La marquesa Rosalinda (1912) en Madrid.A pesar de sus fracasos teatrales, hacia 1916 ya se le consideraba un escritor de prestigio y una autoridad en pintura y estética, por lo que el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes lo nombró titular de una nueva cátedra de estética en la Academia de San Fernando en Madrid. Esto supuso un alivio para su crónica escasez de dinero, pero, por problemas burocráticos y la propia incompatibilidad del escritor con la vida académica, abandonó muy pronto el cargo. Invitado a París por un amigo francés (en 1915 se había declarado partidario de los aliados, lo que lo llevó a la ruptura con los carlistas), pasó un par de meses visitando las trincheras francesas, experiencia que describió en La media noche. Visión estelar de un momento de guerra (1917). La década de los veinte significó su consagración definitiva como escritor y un replanteamiento ideológico que lo acercó al anarquismo. Cuando, en abril de 1931, se proclamó la segunda república, el escritor la apoyó con entusiasmo y al año siguiente fue nombrado Conservador General del Patrimonio Artístico por Manuel Azaña, cargo del que dimitió en 1932 para dirigir el Ateneo de Madrid. En 1933, fue nombrado Director de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, ciudad en la que vivió un año. Enfermo, regresó a España y fue ingresado en una clínica en Santiago de Compostela donde murió después de manifestar su hostilidad hacia un gobierno de derechas.